Desde los inicios de su carrera, Miguel Ríos ha sido un enamorado de la tecnología. Su inquietud por ofrecer siempre lo mejor a su público lo convirtió en un pionero en el uso de lo último en sonido, iluminación y escenografía. Esta pasión no ha sido una anécdota puntual, sino una constante que lo ha acompañado a lo largo de toda su trayectoria, y que lo sitúa como uno de los artistas más innovadores del panorama musical español.
Cuando España se quedaba atrás, Miguel adelantaba por la izquierda
En sus primeros conciertos, Miguel se encontró con la precariedad técnica del país. Pero no se resignó. En cuanto pudo, invirtió parte de sus primeros cachés en traer desde Inglaterra los equipos de sonido con los que soñaba. Teddy Bautista —por entonces cantante de Los Canarios y más tarde presidente de SGAE—que intermedio para conseguir lo último en tecnología. En una España sin la CEE, aquello implicaba un mar de burocracia y más de una «comisión» dudosa.
Uno de esos hitos tecnológicos fue el Mellotron, un teclado electro-mecánico creado en Birmingham en 1963, antecesor de los sintetizadores modernos, esencial en el sonido psicodélico y sinfónico de los 60 y 70. Bandas como The Beatles, Genesis o Led Zeppelin lo usaron, y Miguel no se quedó atrás. Lo incluyó en sus conciertos, sabiendo que era lo más vanguardista del momento, aunque moverlo era una odisea: un aparato inmenso, delicado y que requería calibración constante
La Noche Roja: rayo láser y watts a todo volumen
A finales de los 70, otro hito fue la gira Noche Roja, patrocinada por Red Box. Fue una explosión de rock en vivo, en el zenit de Rock Andaluz: Triana, Guadalquivir, Imán, Tequila e Iceberg junto a Miguel, compartían escenario en una de las primeras grandes giras de rock de España, cuando aún no existían ni equipos de seguridad y el caos estaba casi garantizado. En ella se anunciaba, por primera vez en España el rayo láser. Aquellos haces verdes escribiendo en el aire, sincronizados con la música, hipnotizaban al público. El cartel presumía también de la potencia de sonido 15.000w y de 100.000 de luz, cifras impactantes para la época, y el público acudía emocionado, hambriento de una noche de rock.

El apogeo de las giras: tecnología al servicio del espectáculo
Luego llegarían los grandes clásicos: Rock & Ríos (1982) y El Rock de una Noche de Verano (1983). Esta última fue una gira modélica en cuanto a organización y despliegue técnico: tres escenarios montándose de manera simultánea, recorriendo España sin saltos absurdos entre fechas, sino con una lógica territorial. La tecnología puntera llegaba en los camiones de Redburn Transfer, y los técnicos británicos que viajaron con la gira aún recuerdan aquella experiencia como algo único.
En 1985, con El Rock en el Ruedo, Miguel vuelve a superarse. Diseña un escenario circular y giratorio que se situaba en el centro de las plazas de toros. La estructura —sostenida por un sistema hidráulico— permitía que todos los asistentes tuvieran en algún momento la batería o el micrófono de frente. Todo estaba cubierto por una enorme carpa que exigía un esfuerzo titánico de montaje y transporte.

También en la televisión: siempre en directo y sin trampa
La televisión también fue un terreno para la innovación. En 1987, Miguel protagonizó ¡Qué noche la de aquel año!, una serie emitida en riguroso directo, con músicos tocando en vivo y luces móviles de última generación. Un hito técnico. A esa serie le siguieron Fiebre de Sur (1983) y Buenas Noches, Bienvenidos (2007), ambas igualmente cuidadas en lo técnico, y con muchos detalles aún por descubrir.
Hologramas y visiones del futuro
En la gira Atari, Miguel incorporó por primera vez ordenadores personales al espectáculo. Pero uno de sus momentos más visionarios —y menos conocidos— fue la gira Miguel Ríos y las estrellas del rock latino, con hologramas reales de artistas como Rosendo, Charly García, Sabina, Maná o Aterciopelados. Las actuaciones se grabaron en 3D y aparecían sobre el escenario junto a Miguel. En teatros cerrados, la experiencia era mágica. En espacios abiertos, el reto técnico era mayor: no todos los empresarios entendían que se necesitaba oscuridad total para que el truco funcionara, fue una odisea en algunos grandes espacios, como por ejemplo en la Plaza Mayor de Madrid o el Zócalo de Ciudad de México.
Cuando tener sponsor era criticado
Miguel no solo fue pionero en tecnología, también en la manera de producir giras. En 1983, al conseguir el patrocinio de KAS para El Rock de una Noche de Verano, fue duramente criticado. Le acusaron de «venderse a las multinacionales», hoy suena ridiculo. Muy poco tiempo después, el patrocinio se convirtió en algo habitual, no eras nadie sin sponsor! estaba claro que el futuro iba por ahí.

Sus mecenas: el público
Y sí, a veces no fue entendido por la crítica, pero el público siempre estuvo con él. Porque Miguel no solo ofrecía canciones, ofrecía experiencias. Como cuando en sus conciertos sonaba ‘Antinuclear’ y estallaba una mega explosión escénica, una bomba!. Aunque supieras que venía, aunque olieras la pólvora segundos antes, el sobresalto era inevitable. Y ese era Miguel Ríos: un artista que no se conformaba con cantar bien. Quería que cada concierto fuera inolvidable. Y lo conseguía. Su mayor ilusión darle al público, ‘sus mecenas’, todo lo que merecían..
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Hoy hemos compartido un texto de Clara Castro hablando sobre la relación de Miguel Ríos con la tecnología. Colaboramos estrechamente con la Fundación Miguel Ríos y cuando haya material interesante os lo hacemos llegar en nuestro blog. Ya sabéis que nuestro primer merchandising lo hicimos para una gira de Miguel Ríos, de ahí nuestra relación, respeto y cariño.